6.10.14

Moléculas de almas.

Son tristes los momentos en los que lo único que quieres es llorar. Incluso podría llegar a decir que son pesadillas de las cuales no puedes despertar. Son terribles realidades.
¿Por qué la realidad tiene que ser tan parecida a un jarro de agua fría? ¿Por qué se empeña en congelar los huesos y fastidiar aquello que una vez fuimos? Los castillos de arena que construimos en pleno verano han caído poco a poco, como las hojas del otoño que vivimos.


A veces solo me consuela llorar. A veces solo me consuelas tú. 

A veces lo mejor es encerrarse en una habitación y llorar hasta que no queden lágrimas que resbalen por unas mejillas enrojecidas. A veces lo mejor es dejarse llevar hasta que te duermas, agotada de tanto pensar en cosas que tienen la importancia que tú les das.
Y le das vueltas a las cosas. Me dicen que llorando se pasa la pena, pero para mí, llorar tan solo la incrementa. Círculos viciosos de lágrimas que ven caer otras lágrimas y las siguen en un suicidio colectivo. Porque si los ojos son el espejo del alma, una lágrima es cada mínimo trozo de alma rota que alguna vez chocó contra una pared y se hizo trizas.

Daría mucho por ser de esas personas que lo llevan todo con naturalidad. Quizás sería más fácil dejarse llevar con la ignorancia o el desinterés. Incluso pensaría en frialdad. Esa que congela los huesos, esa que es el otro extremo de la balanza y que desequilibra las preocupaciones, precipitándose al vacío del olvido.

Ojalá pudiera pensar en nada. Ojalá aprendiera de una maldita vez a dejar la mente en blanco y dormir sin un nudo en la garganta que baje hasta el estómago. Ojalá con cuatro respiraciones profundas o un movimiento de nariz se solucionara todo. Ojalá con un abrazo me hiciera olvidar para siempre; o por un rato. Solo pido unos minutos en los que la cabeza deje de pensar que tiene que preocuparse por cosas banales.
Solo unos minutos con él parecen suficientes para desahogarme por completo. Yo misma me inundo y pincho la única balsa que puede salvarme. Yo misma sumerjo la cabeza, cierro los ojos y la boca y espero. Espero hasta que una mano me tira del pelo y me trae de vuelta a la realidad. Puede ser él, pueden ser ellos, pueden ser todos. Me chillan susurros lejanos que tocan pero no arañan. Son agujas que intento clavar hondo, para que por fin surtan el efecto deseado.

Lo siento. Por no conseguirlo y por seguir pensando.
Lo intento. Con todas mis fuerzas, con todas mis ganas.

1 comentario:

  1. Pero claro que te voy a hacer saber si esto me gusto porque no solo me gustó sino que me encantó! Ya mismo empecé a seguirte, no lo dudé dos veces. A mi también me cuesta dejar pasar todo y sobre todo porque soy de esas personas que piensan todo demasiado, lo cual se me hace imposible dejar la mente en blanco y olvidar todo en ciertas ocasiones. Espero que estés bien, besos!

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